Comienzo unas notas de carácter político económico. Estas notas responden a inquietudes que se vienen gestando en los últimos años y que, en vista de los acontecimientos presentes, creo que conviene dar a conocer.
No persigo en esta fase conseguir el orden que desearía, solamente que las ideas se vayan sucediendo a medida que mis escasas dotes como sintetizador de éstas den de sí.
En las últimas décadas han aparecido fenómenos sociales que se muestran opuestos y sujetos a una relación de acción y reacción. Por un lado se ha potenciado el protagonismo de la economía en las decisiones políticas y de gobierno, por otro la sociedad ha sucumbido a un malestar creciente y a la incomprensión sobre estas acciones.
A medida que este malestar y esta incomprensión por las medidas que los gobiernos están tomando se acrecienta me he dedicado a reflexionar inicialmente sobre la bondad de estas medidas. Sin embargo, últimamente observo el problema de forma más general en una disolución deliberada de la soberanía democrática en manos de intereses económicos.
En torno a este proceso de disolución he adoptado la denominación de “tecnocracia económica” para el devenir de las democracias representativas en medios donde los intereses económicos superan al legítimo gobierno de los ciudadanos.
Mi plan de trabajo se divide en dos: Mostrar los mecanismos que hacen que se manifiesten esta perversión del sistema democrática y tratar de vislumbrar opciones que cambien el rumbo de los hechos. La descripción de los hechos y su explicación llevará pareja la formación de la teoría política que debemos estipular para transformar el gobierno social en aquello que solo el pueblo tenga dirección sin interferencia de poderes espúreos a su soberanía.
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